
BUTRERA - VERANO 2003
VISITA A OÑA
Vamos a pasar el día todos, tíos y sobrinos a Santa Casilda, una iglesia preciosa en lo alto de una montaña, con su correspondiente historia y donde comemos a la sombra de un amable roble, las típicas tortillas, lomo adobado, jamón, queso y fruta. Al volver decidimos parar en Oña e intentar por tercera vez, ver el interior del imponente recinto iglesia-museo. Pero como siempre y en la misma época, la interpretación del Cronicón se interpone en nuestra visita.
Esta vez se trata del ensayo de la obra al aire libre y sobre las escaleras de entrada al recinto.
Cualquier ojo acostumbrado a observar con na-tu-ra-li-dad, hubiera visto que en cada extremo de las imponentes escaleras, se había instalado un enorme bafle desde donde salían las notas a todo volumen de una solemne música medieval. Una cámara a la derecha filmaba lo que ocurría, supongo que para luego visualizar la actuación y corregir.
En el centro de las escaleras y a medio camino desde donde estábamos hasta la entrada del castillo, un rey agonizante desparramado sobre los escalones y con la cabeza apoyada en las rodillas de la reina, que con las manos extendidas al cielo clamaba misericordia, representaban uno de los momentos álgidos de la obra. Dos escalones más abajo, el director y su ayudante iban dando con gestos, instrucciones a los actores.
Sin darme tiempo a reaccionar y ensimismada como estaba en la representación, veo a Antonia subiendo los escalones, situándose al lado del director y preguntándole impertérrita si sabía si el museo estaba abierto y cual era el horario de visita. Pacientemente el director dijo que no lo sabía y que por favor desalojara la escalera, lo que unido a mis desesperadas gesticulaciones desde abajo, la hicieron desistir.
La representación continúa, entonces aparece un niño por la derecha, que creo representaba un ángel o algo así, que de puntillas da la mano al rey muerto y se lo lleva escaleras arriba (supongo hacia el cielo) con pasos lentos y ondulantes, marcando cada escalón que subían. El director los seguía moviendo los brazos indicándoles de que manera debían hacerlo, pero.... HORROR!!, cuando faltan unos cuantos escalones para la puerta, Tony que sin que nadie lo notara, había subido por un lateral, estaba en posición de jubilado viendo una escavadora (entiéndase con las manos cruzadas en la espalda, piernas separadas) y mirando muy detenidamente los escudos de la fachada. El director le gritaba que se apartara de la puerta, pero Tony que ni llevaba sonotone ni se lo había olvidado.... ni enterarse. El pobre director tuvo que echar a correr adelantando a los actores y dándole una palmada consiguió apartar al intruso que se interponía en el camino hacia el cielo.
VISITA A OÑA
Vamos a pasar el día todos, tíos y sobrinos a Santa Casilda, una iglesia preciosa en lo alto de una montaña, con su correspondiente historia y donde comemos a la sombra de un amable roble, las típicas tortillas, lomo adobado, jamón, queso y fruta. Al volver decidimos parar en Oña e intentar por tercera vez, ver el interior del imponente recinto iglesia-museo. Pero como siempre y en la misma época, la interpretación del Cronicón se interpone en nuestra visita.
Esta vez se trata del ensayo de la obra al aire libre y sobre las escaleras de entrada al recinto.
Cualquier ojo acostumbrado a observar con na-tu-ra-li-dad, hubiera visto que en cada extremo de las imponentes escaleras, se había instalado un enorme bafle desde donde salían las notas a todo volumen de una solemne música medieval. Una cámara a la derecha filmaba lo que ocurría, supongo que para luego visualizar la actuación y corregir.
En el centro de las escaleras y a medio camino desde donde estábamos hasta la entrada del castillo, un rey agonizante desparramado sobre los escalones y con la cabeza apoyada en las rodillas de la reina, que con las manos extendidas al cielo clamaba misericordia, representaban uno de los momentos álgidos de la obra. Dos escalones más abajo, el director y su ayudante iban dando con gestos, instrucciones a los actores.
Sin darme tiempo a reaccionar y ensimismada como estaba en la representación, veo a Antonia subiendo los escalones, situándose al lado del director y preguntándole impertérrita si sabía si el museo estaba abierto y cual era el horario de visita. Pacientemente el director dijo que no lo sabía y que por favor desalojara la escalera, lo que unido a mis desesperadas gesticulaciones desde abajo, la hicieron desistir.
La representación continúa, entonces aparece un niño por la derecha, que creo representaba un ángel o algo así, que de puntillas da la mano al rey muerto y se lo lleva escaleras arriba (supongo hacia el cielo) con pasos lentos y ondulantes, marcando cada escalón que subían. El director los seguía moviendo los brazos indicándoles de que manera debían hacerlo, pero.... HORROR!!, cuando faltan unos cuantos escalones para la puerta, Tony que sin que nadie lo notara, había subido por un lateral, estaba en posición de jubilado viendo una escavadora (entiéndase con las manos cruzadas en la espalda, piernas separadas) y mirando muy detenidamente los escudos de la fachada. El director le gritaba que se apartara de la puerta, pero Tony que ni llevaba sonotone ni se lo había olvidado.... ni enterarse. El pobre director tuvo que echar a correr adelantando a los actores y dándole una palmada consiguió apartar al intruso que se interponía en el camino hacia el cielo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario